lunes, 4 de mayo de 2020

Cuando me busco y no me encuentro.


Como se te queda el cuerpo cuando recibes una mala contestación, un mal modo o sientes una hostilidad sin fundamento.
Eres una persona fuerte y segura de ti misma, no dejas que la vida te afecte y pones cada cosa en su lugar, pero, ¿qué pasa cuando llega ese momento de conflicto y te coge desprevenido?, te das cuenta que vas por la vida llena de escudos y que no puedes bajar la guardia porque quizás, no eres esa persona tan fuerte ni tan segura de sí misma, que la vida te afecta más de lo que quisieras y no entiendes por qué. Es en ese momento cuando la sombra de la sospecha de no creer en ti misma vuela sobre tu mente, cuestionas todo y te preguntas ¿pero qué clase de poder tienen esas palabras, si no los conozco? Es la falta de empatía lo que me deja de piedra, lo que me hace sentir que la humanidad no merece la pena, pero claro, es mi corazón dolorido quien habla. Esta vida consiste en caerse y levantarse y estoy dispuesta, acepto el reto, pero me cuesta tanto levantarme cuando no me he caído, cuando he sido empujada y no porque no sepa levantarme, es que la caída, por imprevista, duele más y recomponerte conlleva aceptar que no todo el mundo es bueno. Que ingenua.
Luego cuando piensas que tu corazón está más encogido de lo que debería y casi estas perdiendo la fe en la gente, aparece una sonrisa amable, una nueva oportunidad de empezar de nuevo, gente desinteresada que aboga por ti y tus intereses y empiezas a darle otra vez el valor a la vida que le corresponde, dejas la intensidad del sentir para otra ocasión y te planteas, que sería de mi si no tocara el cielo y la tierra. El mundo está lleno de buenas personas, si no las encuentras, intenta ser una de ellas.

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