martes, 5 de mayo de 2020

El deseo de Morgan


Su pasión por ella crecía y se extendía en la distancia, como el rumor del viento atravesando los bosques, meciendo las hojas caídas del otoño y lóbrego como el murmullo del oleaje taciturno, con voz vetusta y arcana, la oscuridad iba tejiendo con hebras de azabache la bóveda celeste que se convertiría en su infortunio. 
Morgan se postra de rodillas ante la majestuosidad de Ailish, le toma la mano observando su mirada, dejándose naufragar en el interior de su océano, la besa con picardía, mientras el viento se arremolina peinando la hierba y desatando la tempestad y la magia. Acaricia el rostro de Ailish con liviana ternura, como la brisa de la mañana agitando sus largos cabellos.
De pie al borde del abismo, acantilados y salvaje oleaje ante él, la tibieza del sol le acuna y sus labios riegan su alma de versos.
—Ailish, déjame dibujar tu rostro en mis sueños, arder en tu fuego como ascuas en la hoguera del tiempo, méceme en tu marea hechizante, embaucadora como canto de sirena, embriagadora como el licor de mandrágora y fluye como la melancolía y la niebla, como cenizas, noche eterna, oscuridad que por dentro me llena y desborda. Húndeme en los albores del olvido, más allá de los lagos de la memoria donde vago errante buscándote en silencio—.
Morgan sonríe, y acaricia su cuello, serpenteando por su espalda como un torrente de aguas salvajes, le mira, y en su garza mirada se refleja el fulgor de la luna llena en declive hacia poniente, horizonte difuso, fundiendo el mar y el cielo en la lejanía. Ella juega con sus sentimientos, le mira con ojos pícaros regalándole una sonrisa y al mismo tiempo hace un mohín molesto como si simplemente él no encajara en sus pensamientos. Él seguirá perdido hasta que la sonrisa burlona del alba le encuentre deshecho en estrellas de plata, moribundo, vagando como luceros errantes atravesando la cúpula azabache, la mirada de ella le lanza danzas armónicas de fuegos fatuos. Los valles se teñirán de sombras, los campos se cubrirán de sombríos rostros y tenebrosas miradas agazapadas.
 Morgan se postra de rodillas ante ella, toma su mano y la besa suavemente mirándola en la profundidad de sus ojos. Juega con su lengua sobre su piel como el viento serpenteando a lo largo de los bosques, sube por su antebrazo, y derrama su pasión hasta encontrarse cerca de su pecho.
Con la luz tenue, un par de velas encendidas, recordando el tacto de su piel.
Amarla a ella era introducirte en el crepúsculo perpetuo, un invierno frio en el alma si no estas junto a ella para calmar su sed y sus anhelos. Morgan se arrodilla a los pies de Ailish rodeándola con manos de viento y miradas de luna de plata, crepitando como luceros argentes su mirada de fulgores incandescentes a sabiendas de que ella jamás le amará.



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