Morir en Troya, recogiendo los últimos suspiros del Mar
Egeo, se siente como sopla el viento augurando siglos de olvido. Muerte que
seduce a la historia para así perdurar en la leyenda. Recordaba en injusta agonía
los prados verdes y volví a soñar con la felicidad perdida de antaño. Morir en Troya, hojas amarillas caen del árbol de mis sentimientos y mi espíritu, late agónico,
triste, vacío y el viento susurrando su esencia entre las ramas que se enredan
en mi ser, acariciando mis mejillas con el tacto sombrío del recuerdo, meciéndome
en el letargo, llorando la ausencia.

Que gusto volver a leerte Ruth me encanta el blog
ResponderEliminarMi alimento son sus palabras,¡gracias!
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