Hay días que ¿para qué levantarse de la cama?, pero aun así por inercia humana, obvías a los planetas que se alinean en tu contra y te levantas. ¿Qué tienen de especiales los días?, son todos iguales unos y otros, pero no amigos no, hay un día negro en todo calendario y ese en concreto, tenía en su Death Note mi nombre.
Me levanté recordando con pereza y un miedo irracional que a fecha de hoy me tocaba hacerme una prueba, según internet, mal aliado en causas médicas gráficas el cual me había manifestado sin ninguna clase de compasión en qué consistía dicha prueba. Fundamentalmente iban a meterme una aguja del tamaño de una lanza y a extraerme sangre de una arteria situada en la muñeca y todo para medir el grado de acidez o alcalinidad en el organismo, malditos ácidos.
Comencé el día con un fuerte dolor de cabeza por los nervios y mi poca valentía.
Cuando llegué al Hospital la enfermera que tenía ese ramalazo de casa del terror, esperaba con una sonrisa de oreja a oreja, me mandó a sentarme y cogiendo mi mano, pinchó en un dedo sacando sangre del mismo e introduciéndola en un tubito del tamaño del espíritu de la golosina.
- ¡Listo! -, me dijo y yo con cara de pez pensé... ¡maldito internet!
Con lo sucedido hasta ahora ya tenía completo el cupo de ese día, a pesar de ser las once y media de la mañana, daba por terminada esa jornada, pero no fue así.
Dicen que todo lo que sube baja, el gran Aristóteles pensaba que era la naturaleza de las cosas subir o bajar y Newton que la gravedad es una fuerza instantánea y en este meollo gravitatorio también tuvieron algo que decir Copérnico, Galileo y otros, pero el obrero que trabaja en el cuarto discierne categóricamente. Todo comenzó así.
Me tocan en el timbre de casa y mi cartera me dice...
-Ramona, tienes un paquete, te lo envío en el ascensor.
Yo pienso... -madre mía como está el servicio, vivo en el primer piso, son cuatro escalones, pero con el día que tuve, me dejé llevar por la pereza compartida.
Y ahí me veía yo delante de la puerta del ascensor esperando a que parara en mi piso, pero el destino tiene sus propios planes y a pesar de estar picando en el botón del ascensor, éste decidió subir al cuarto. Tarareando espero el paquete que yo quiero, me miraba el dedo y la sombra del pinchazo y pensaba, eres una exagerada y entre pensamiento y pensamiento el ascensor paró en mi piso, abro la puerta y aquí comienza el intríngulis de mi historia.
Dicen que todo lo que sube baja, pero a veces los duendes, brujas y obreros meten mano y hacen que esa realidad tan sencilla de principio de gravedad no exista... algo chungo se cuece en el cuarto piso.
Abro la puerta del ascensor y veo a un obrero con su carretilla,
-Disculpe caballero, hay un paquete en el suelo que me envió la cartera ahora mismo.
-No señora, aquí no hay nada,
-Como que no, salga usted del ascensor y déjeme mirar.
La cartera que oye la conversación sube al primer piso
-El obrero: - Se habrá caído por el hueco del ascensor.
-La Cartera: ¡pero si no cabía!
Yo Flipando
Bueno, pero el paquete no puede haber desaparecido.
-El obrero: regístreme usted si quiere, ahí no había paquete.
La cartera con su cara desencajada.
Subo con el obrero al cuarto piso por si de alguna forma contorsionista poco probable pero no imposible por esto de los caprichos del destino, le había dado una patada al entrar al ascensor. En el cuarto piso no había nada y el obrero me dijo, -Entre usted en la casa y registre si quiere-.
Yo tentada, pero disimulando le dije... ¡no hombre, como voy a hacer eso!
Bajo y la cartera que no sabía dónde meterse me dice que me paga el importe del paquete porque ya lo tiene registrado como entregado, el obrero que sigue a su rollo y yo que no doy crédito a nada.
Entro en mi casa con una sensación terrible de que me han tomado el pelo. A los pocos minutos me tocan en el timbre y pensé, - ¡Por fin! seguro que apareció el paquete, por qué ... ¿qué raro todo?, ¿no?
Pues no, era el obrero y me dijo,
-Señora vamos a abrir la puerta del ascensor a ver si se ha caído por el hueco, porque estoy intranquilo.
Y yo pensando, ¿qué hace éste con llave de seguridad del ascensor?, pero bueno venga, vamos.
El hombre que empieza a manipular el ascensor, yo... -Caballero creo que así no es-, él venga que dale; el ascensor se rompe.
En esto que llega la vecina del cuarto, una señora octogenaria medio ciega y con su carrito de compra a cuestas, yo en plan trágame tierra, llamo a los de averías del ascensor y les insto a que vengan rápido porque, esa señora tiene que subir a su casa, cuando me doy la vuelta para hablar con el obrero, éste ha desaparecido y no ha subido las escaleras porque yo estoy situada en ellas. El cuadro fue el siguiente, mi marido subiendo el carro de compra de la vecina al cuarto y yo buscando al obrero. Pues nada volví a casa desalentada y pensando, ¿¿¿pero qué carajo???
Llega el de las averías a la hora y media y le digo, mire usted en el hueco del ascensor a ver si se ha caído un paquete que no aparece, le cuento brevemente lo ocurrido y me dice, señora lo siento, pero, blanco y en botella, ya sabe usted quien tiene ese paquete, en el hueco del ascensor no había nada.
En ese instante llega el obrero que parece ser, se había ido a comer y le explico, -caballero en el hueco del ascensor no está el paquete y el ascensor fue del bajo al cuarto directamente sin pasar por más pisos ni por más vecinos, del cuarto bajó a mi piso y paquete desaparecido, haga usted el favor de devolverme mi paquete. -
A lo que el tipo me contesta, tome usted las medidas que tenga que tomar que después tomaré yo las mías, ojiplática me quedé, empecé a encenderme y mi marido me agarró y me dijo, Ramona déjalo y da el paquete por perdido.
Y así acabó mi día, uno de esos que bien podrían haber sido un kit kat en una realidad alternativa. Ya por la noche y más tranquila no paro de darle a la cabeza pensando cuando ese obrero abra el paquete y descubra que lo que hay dentro es un maquillaje chino que hace desaparecer las arrugas, igual busca alternativas Obrero de día y Drag de noche, venga Ramona no seas mala, a dormir.
Me levanté recordando con pereza y un miedo irracional que a fecha de hoy me tocaba hacerme una prueba, según internet, mal aliado en causas médicas gráficas el cual me había manifestado sin ninguna clase de compasión en qué consistía dicha prueba. Fundamentalmente iban a meterme una aguja del tamaño de una lanza y a extraerme sangre de una arteria situada en la muñeca y todo para medir el grado de acidez o alcalinidad en el organismo, malditos ácidos.
Comencé el día con un fuerte dolor de cabeza por los nervios y mi poca valentía.
Cuando llegué al Hospital la enfermera que tenía ese ramalazo de casa del terror, esperaba con una sonrisa de oreja a oreja, me mandó a sentarme y cogiendo mi mano, pinchó en un dedo sacando sangre del mismo e introduciéndola en un tubito del tamaño del espíritu de la golosina.
- ¡Listo! -, me dijo y yo con cara de pez pensé... ¡maldito internet!
Con lo sucedido hasta ahora ya tenía completo el cupo de ese día, a pesar de ser las once y media de la mañana, daba por terminada esa jornada, pero no fue así.
Dicen que todo lo que sube baja, el gran Aristóteles pensaba que era la naturaleza de las cosas subir o bajar y Newton que la gravedad es una fuerza instantánea y en este meollo gravitatorio también tuvieron algo que decir Copérnico, Galileo y otros, pero el obrero que trabaja en el cuarto discierne categóricamente. Todo comenzó así.
Me tocan en el timbre de casa y mi cartera me dice...
-Ramona, tienes un paquete, te lo envío en el ascensor.
Yo pienso... -madre mía como está el servicio, vivo en el primer piso, son cuatro escalones, pero con el día que tuve, me dejé llevar por la pereza compartida.
Y ahí me veía yo delante de la puerta del ascensor esperando a que parara en mi piso, pero el destino tiene sus propios planes y a pesar de estar picando en el botón del ascensor, éste decidió subir al cuarto. Tarareando espero el paquete que yo quiero, me miraba el dedo y la sombra del pinchazo y pensaba, eres una exagerada y entre pensamiento y pensamiento el ascensor paró en mi piso, abro la puerta y aquí comienza el intríngulis de mi historia.
Dicen que todo lo que sube baja, pero a veces los duendes, brujas y obreros meten mano y hacen que esa realidad tan sencilla de principio de gravedad no exista... algo chungo se cuece en el cuarto piso.
Abro la puerta del ascensor y veo a un obrero con su carretilla,
-Disculpe caballero, hay un paquete en el suelo que me envió la cartera ahora mismo.
-No señora, aquí no hay nada,
-Como que no, salga usted del ascensor y déjeme mirar.
La cartera que oye la conversación sube al primer piso
-El obrero: - Se habrá caído por el hueco del ascensor.
-La Cartera: ¡pero si no cabía!
Yo Flipando
Bueno, pero el paquete no puede haber desaparecido.
-El obrero: regístreme usted si quiere, ahí no había paquete.
La cartera con su cara desencajada.
Subo con el obrero al cuarto piso por si de alguna forma contorsionista poco probable pero no imposible por esto de los caprichos del destino, le había dado una patada al entrar al ascensor. En el cuarto piso no había nada y el obrero me dijo, -Entre usted en la casa y registre si quiere-.
Yo tentada, pero disimulando le dije... ¡no hombre, como voy a hacer eso!
Bajo y la cartera que no sabía dónde meterse me dice que me paga el importe del paquete porque ya lo tiene registrado como entregado, el obrero que sigue a su rollo y yo que no doy crédito a nada.
Entro en mi casa con una sensación terrible de que me han tomado el pelo. A los pocos minutos me tocan en el timbre y pensé, - ¡Por fin! seguro que apareció el paquete, por qué ... ¿qué raro todo?, ¿no?
Pues no, era el obrero y me dijo,
-Señora vamos a abrir la puerta del ascensor a ver si se ha caído por el hueco, porque estoy intranquilo.
Y yo pensando, ¿qué hace éste con llave de seguridad del ascensor?, pero bueno venga, vamos.
El hombre que empieza a manipular el ascensor, yo... -Caballero creo que así no es-, él venga que dale; el ascensor se rompe.
En esto que llega la vecina del cuarto, una señora octogenaria medio ciega y con su carrito de compra a cuestas, yo en plan trágame tierra, llamo a los de averías del ascensor y les insto a que vengan rápido porque, esa señora tiene que subir a su casa, cuando me doy la vuelta para hablar con el obrero, éste ha desaparecido y no ha subido las escaleras porque yo estoy situada en ellas. El cuadro fue el siguiente, mi marido subiendo el carro de compra de la vecina al cuarto y yo buscando al obrero. Pues nada volví a casa desalentada y pensando, ¿¿¿pero qué carajo???
Llega el de las averías a la hora y media y le digo, mire usted en el hueco del ascensor a ver si se ha caído un paquete que no aparece, le cuento brevemente lo ocurrido y me dice, señora lo siento, pero, blanco y en botella, ya sabe usted quien tiene ese paquete, en el hueco del ascensor no había nada.
En ese instante llega el obrero que parece ser, se había ido a comer y le explico, -caballero en el hueco del ascensor no está el paquete y el ascensor fue del bajo al cuarto directamente sin pasar por más pisos ni por más vecinos, del cuarto bajó a mi piso y paquete desaparecido, haga usted el favor de devolverme mi paquete. -
A lo que el tipo me contesta, tome usted las medidas que tenga que tomar que después tomaré yo las mías, ojiplática me quedé, empecé a encenderme y mi marido me agarró y me dijo, Ramona déjalo y da el paquete por perdido.
Y así acabó mi día, uno de esos que bien podrían haber sido un kit kat en una realidad alternativa. Ya por la noche y más tranquila no paro de darle a la cabeza pensando cuando ese obrero abra el paquete y descubra que lo que hay dentro es un maquillaje chino que hace desaparecer las arrugas, igual busca alternativas Obrero de día y Drag de noche, venga Ramona no seas mala, a dormir.

Newton se equivocó, todo lo que sube no tiene porqué bajar :P
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