martes, 12 de mayo de 2020

Cada día a la misma hora


Mi corazón se sobrecoge cada día a las 14:15.
Me asomo a la ventana y la observo, curioseo sus rizos anaranjados y sus ojos verdes, que hacen pequeños guiños involuntarios, su larga cabellera que acababa en su cintura dándole exotismo a su contorno asimétrico. Tan perfecta. Imagino su tono de voz, ¿qué entonación tendría? que haría falta para que entre palabra y palabra se mordiera el labio y después sonriera. Me decido y con mil pensamientos que al bajar las escaleras se transformaban en el último escalón, salgo dispuesto a dar un giro a mi todo. Veo como se sube al bus y por un instante se cruzaron nuestras miradas. Juraría que me sonrió. Vuelvo a casa y mi corazón se sobrecoge pensando en mañana a las 14:15.



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